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13.10.12

 

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22.7.12

 

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27.3.12

 

LA CRÍTICA KITSCH (o el retorno de la crítica conservadora) - Alberto Santamaría

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Internet ha desarrollado, en el marco de la literatura y de las artes, un modelo de crítica kitsch. Lo kitsch lo tomamos aquí en su sentido primitivo: como aquello que se asienta en su ser efecto puro; como aquello que disfruta (de sí mismo) en el darse como efecto. De esta forma, lo kitsch lo entendemos como el proceso por el cual se acepta como normal en la política literaria del momento elementos que aparecen únicamente con el afán de su efectividad. Dicho de otro modo: lo kitsch es la cultura conservadora del efecto sin contenido, que llevado al territorio de la crítica supone, precisamente, la retirada de lo crítico. Lo kitsch es así el resultado de una forma de entender la literatura (y la crítica) que traslada sus motivos de lo crítico a lo lúdico/cínico. Los modos de esta crítica kitsch se basan en la idea de que a través de un "decir directo", sin concesiones al lenguaje teórico, se “reseñan” novedades asentando su lectura sobre un criterio de verdad (no argumental) que hace del cinismo su forma. Esta visión degradada de la práctica crítica se opone vigorosamente a la idea misma de análisis crítico, ya que no es más que una declaración de presencia que sólo denota la ambición de ser reseñado.

[…]

Puedes seguir leyendo este texto en El Boomeran(g)  y  salonkritik LA CRÍTICA KITSCH (o el retorno de la crítica conservadora) - Alberto Santamaría

1.2.12

 

Educación para la Ciudadanía. Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho

de Luis Alegre Zahonero. Miguel Brieva. Carlos Fernández Liria. Pedro Fernández Liria
Editorial: Akal
 
A principios del siglo XXI, en la España 'democrática', un partido 'socialista' está a punto de aprobar una asignatura que en la precarizada educación pública pretende 'concienciar', 'animar' a los futuros ciudadanos a la 'participación democrática', en un contexto nacional e internacional cada vez más degradado por la voracidad capitalista. Este ensayo es un tremendo contraataque a tamaña farsa. Ofrece un profundo análisis, auque expresado con llaneza y claridad, en torno a conceptos sociales y éticos tan importantes como la Ciudadanía, la Democracia, la Libertad (pública e individual), el Derecho, la Ley... desde los orígenes del debate en la Grecia clásica, pasando por la Ilustración hasta el convulso siglo XX. El resultado de esta revisión es demoledor: la grandeza de los planteamientos teóricos en los momentos cumbres del discurrir filosófico y político de la Historia de Occidente -la Grecia clásica, la Revolución francesa, las democracias modernas- resulta inversamente proporcional a la miseria, la injusticia, la violencia, la mezquindad y el horror humanos que han caracterizado en el plano 'práctico', a ras de tierra, en todo tiempo y lugar a las sociedades humanas; con una virulencia sin límites en el Capitalismo brutal del último siglo y las cómplices democracias occidentales. La obra revela con datos precisos, directos y sin miramientos políticamente correctos, las principales estrategias de las mal llamadas democracias modernas para perpetuar el desequilibrio; cómo cada intento revolucionario de las sociedades para cambiar el sistema neoliberal capitalista e instaurar otros modelos más justos (comunismo y anarquismo) ha sido violentamente reducido por los mismos estados adalides de la Democracia internacional -se atiende a los casos de Cuba y el cono sur latinoamericano, la URSS, la España de principios de siglo, etc-. Asimismo se defienden con contundencia los actuales y 'vivos' intentos revolucionarios en América latina. Los autores realizan un esfuerzo poco usual por manejar materias en principio tan densas y 'adultas' del modo más accesible e incluso atractivo para cualquier adolescente medio. Las geniales y corrosivas ilustraciones de Miguel Brieva constituyen un pilar fundamental para la obra, que adquiere una riqueza y calado crítico indispensable para las nuevas generaciones de cualquier democracia actual.
Número de páginas: 240

P.V.P: 13.7 €


31.1.12

 

El acceso a las fuentes o un nuevo enciclopedismo digital

El conflicto

Vivimos una tensión, un tremendo conflicto, entre lo que se ha dado en llamar la “propiedad intelectual” y los derechos y libertades de los lectores o usuarios. A raíz de que los avances técnicos permitieron que los medios para reproducir y copiar los bienes culturales estén al alcance de la mayoría y no sean un privilegio de unos cuantos, esa tensión se ha agudizado y, por lo menos, ha mostrado la necesidad de una legislación diferente, sino es que de un cambio completo de paradigma. De un lado, las fotocopiadoras, el quemador de cds, los archivos compartidos en la red, el software de código abierto, las descargas de música, texto o video y su circulación relativamente libre de mano en mano o de computadora a computadora; del otro, el endurecimiento de las leyes del copyright (por ejemplo: ACTA, SOPA, Ley Sinde, etcétera), el lucro como valor rector, las multas millonarias a los internautas que descargan archivos protegidos, el fenómeno de la piratería criminal como una sombra que acompaña la avidez de los consorcios. De un lado las restricciones y, del otro, las retículas de intercambio. De un lado los altos precios de los bienes culturales y, del otro, el derecho a la cultura.

El problema es que mientras más fácil sea publicar y difundir libros y discos en los medios electrónicos, mientras baste oprimir un botón para copiar una canción o una película, por encima o por debajo de los candados de seguridad y de los parches a las legislaciones internacionales, la red de intercambios, downloads y archivos compartidos se extenderá y conseguirá lo que quiere, pues como escribe el colectivo italiano Wu Ming, pionero en muchos sentidos en la libre circulación de los bienes culturales, se trata ya a estas alturas de un auténtico maremoto.

Una legislación obsoleta

Las leyes del copyright se originaron en el siglo XVI en Inglaterra, por lo que no es de extrañar que a pesar de las múltiples enmiendas y actualizaciones, del convenio de Berna y de la Ley del Copyright del Milenio Digital, sea una legislación vetusta, poco flexible para adaptarse a los tiempos que corren. Dicho de manera muy sucinta, el copyright nació como una forma en que el Estado brindaba en exclusiva a una casta profesional de editores (los stationers) el “derecho de copia” de toda impresión, con lo cual no sólo les concedía el monopolio de las imprentas, sino también la propiedad de las obras. En la actualidad, el copyright rige la explotación comercial de las obras y su fin es que sus titulares tengan derechos exclusivos para controlar su distribución y reproducción.

Enmascarados muchas veces bajo el término de copyright, en la mayoría de los países que siguen el derecho continental se encuentran los derechos de autor, impulsados a fines del siglo XVIII por el dramaturgo Pierre-Augustin de Beaumarchais. Estos derechos reconocen que son los propios autores los dueños de sus obras (al menos hasta que caigan dentro del domino público), a la vez que garantizan que el autor o sus herederos reciban algún beneficio por la comercialización de sus creaciones.

Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais

Visto desde esta perspectiva, los derechos de autor parecen no sólo intachables sino del todo plausibles y su defensa necesaria. ¿Por qué quien construye una silla puede venderla o heredarla a sus hijos y no así el que ha escrito una novela o una sinfonía? El problema comienza cuando, bajo la categoría un tanto equívoca de “propiedad intelectual”, comparaciones como la anterior se llevan demasiado lejos y entonces se olvida que ni la novela ni la sinfonía son del todo equiparables a la silla, puesto que si bien tienen un perfil comercial y hasta cierto punto son también mercancías, al mismo tiempo son bienes culturales, que otros querrán leer o escuchar en una medida muy distinta de la que otros querrán sentarse en la silla. Desde luego hay todavía una discusión pendiente, que debería dirigirse hacia el cuestionamiento de lo que se entiende por “propiedad” en los casos de autoría, pero está claro que al comercializar su obra, el autor no se queda sin ella (como sí sucede en el caso de la venta de una silla), e incluso podría decirse que en muchos sentidos se enriquece al sacarla del cajón y hacerla pública.

El sesgo restrictivo, es decir eminentemente lucrativo, que en especial las agrupaciones y consorcios suelen imprimir al copyright y a los derechos de autor, que se han convertido en una gran fuente de ingresos corporativos gracias a que funcionan como instrumentos para impedir la libre reproducción y circulación de las obras, ha llevado a que en las últimas décadas surjan toda clase de movimientos críticos para contrarrestarlo y en algunos casos ponerlo de cabeza, bajo la premisa de que dichas restricciones no siempre son legítimas y con frecuencia entran en conflicto con las libertades y derechos de los lectores y los usuarios.

La otra cara de la moneda


Así como un autor tiene derecho a comercializar lo que un tanto pomposamente se ha denominado “los frutos del espíritu”, así el lector o usuario también tiene (o debería tener) ciertos derechos, que por lo general no son reconocidos o le son escamotados sistemáticamente. ¿Derecho a qué? Como una extensión natural del derecho a la cultura(1), a gozar del arte y beneficiarse de los avances científicos, debería tener el derecho de leer lo que quiere leer, de ver, escuchar, reproducir y estudiar lo que le interesa. También debería tener la libertad de redistribuirlo y circularlo a quien crea que le pueda interesar y, desde luego, a nutrirse de aquello que ha leído o visto o estudiado para crear nuevas obras del espíritu, incluso si son meras parodias, pastiches o regurgitaciones.

Pero enunciado así, el derecho a la cultura(2) y las libertades de los lectores y usuarios, que a primera vista suenan razonables y defendibles, se topan con el derecho también legítimo del autor de beneficiarse económicamente de lo que ha producido. Es verdad que le gustaría que su novela circulara y fuera leída por el mayor número de personas posible, o que el disco lo escucharan tanto en las discotecas de Moscú como en los radios de pilas de Guatemala, pero también le gustaría vivir de lo que hace, obtener ganancias de sus obras y así estar en condiciones de seguir haciendo lo que le gusta, que es, según el caso, escribir o componer música.

En términos generales el lector o escucha puede acceder a un libro o a las canciones de un disco si paga por ello; una vez hecho esto puede, con ciertas restricciones, copiarlo para su propio disfrute o para el disfrute colectivo si no persigue fines de lucro; también puede prestarlo, regalarlo, etc., o bien revender el libro o el disco (que no sus copias), por ejemplo en tiendas de segunda mano. Está claro que de estas copias ulteriores sin fines de lucro y de la reventa de materiales usados el titular de los derechos de autor no obtiene un beneficio económico directo, pero sí consigue que su obra sea leída o escuchada por más gente (esto es, mayor difusión), lo que a la larga puede redundar en nuevas ventas, tanto de ésta como de sus demás obras. Desde luego el lector o escucha también puede ir a la biblioteca o encender la radio y no pagar un centavo, pero la codicia de quienes ostentan el copyright ha hecho que las restricciones se extiendan incluso a estos campos, como es el caso de muchas editoriales que en Estados Unidos y otros países han prohibido el préstamo público en bibliotecas o lo han condicionado al pago de una cuota.

Los aires levógiros del copyleft

El copyleft y otras licencias como Creative Commons surgieron como una alternativa a las tensiones generadas en los últimos tiempos por el endurecimientos de las leyes del copyright y los derechos de autor. El objetivo inicial era que, en lo que se refiere al software, el usuario tuviera la libertad de ejecutar, copiar, distribuir y desde luego enriquecer los programas. Uno de los principales defensores de este giro ha sido el programador y activista Richard Stallman y su movimiento a favor del Software Libre. La idea central que está detrás de todo ello es muy sencilla: sin renunciar a los derechos que posee el autor, que sea él mismo quien decida cómo difundir su software y hasta qué punto puede ser copiado, puesto en circulación y modificado. Gracias a una leyenda que hace las veces de licencia o de instrumento legal, otorga el derecho a utilizarla, modificarla y redistribuirla como mejor le parezca. De esta manera tanto el software como las libertades asociadas a su uso y disfrute se convierten en elementos legalmente inseparables.

Los aires del copyleft no sólo soplan en el software, sino que se han adaptado a diversos medios, como la literatura, la fotografía o la música, y a la fecha son ya pocas las ramas de la cultura que no se han visto sacudidos y beneficiados por él. Al reproducir un texto con licencia copyleft se deben acatar los deseos del autor siempre que sean legítimos, es decir, siempre que a su vez respeten las libertades fundamentales del lector o usuario para ese tipo de textos. Si el autor exige, por ejemplo, que cada lectura de ese libro le sea remunerada de cierta manara, estará contraviniendo la libertad del lector de, por ejemplo, prestarle el libro a quien quiera o de leerlo en voz alta a sus hijos, por lo que sus deseos dejan de ser legítimos.

Más allá de su utilidad práctica, lo que el movimiento del software libre hizo ver con toda claridad fue que los derechos del autor debían tener también límites y estar acotados en función de las libertades y derechos de los usuarios, pues de otra forma se vuelven abusivos y francamente voraces.

Libertades y derechos de los lectores

Una vez que se enfoca desde esta perspectiva la tensión actual entre la “propiedad intelectual” y las libertades de los lectores o usuarios, surge la pregunta de cuáles son los derechos y las libertades de cada cual y de ambos en consonancia, pues no tiene caso que la legislación en materia de copyright y derechos de autor siga modificándose y adaptándose a la revolución tecnológica sin tomar en cuenta el otro lado, el correspondiente a los que leerán, duplicarán, disfrutarán o pondrán en circulación esas obras.

Richard Stallman, en su caracterización del software libre, ha enumerado cuatro libertades básicas del usuario:

0) La libertad para ejecutar el programa sea cual sea su propósito.

1) La libertad para estudiar el funcionamiento del programa y adaptarlo a sus necesidades.

2) Libertad para redistribuir copias y ayudar así a los amigos.

3) Libertad para mejorar el programa y luego publicarlo para el bien de toda la comunidad.

¿Pueden extenderse estas libertades básicas al lector o espectador de bienes culturales? ¿De qué manera garantizar las libertades del lector sin contravenir los derechos legítimos de los autores?

Dos de las libertades básicas de los usuarios que propone Stallman presuponen el acceso al código fuente del programa, lo cual permite hacer una analogía y sugerir que las libertades del lector o espectador (aunque habría que encontrar una palabra más abarcadora y sugerente) comienzan precisamente con un derecho fundamental, no reconocido hasta hoy: el de estar en condiciones de acceder a las fuentes. Los estudiantes de música se lamentan de que deben comprar partituras a un costo muy elevado, no importa si se trata de autores que han entrado en el domino público desde hace mucho, o bien, como suele ser el caso, recurrir a las fotocopias, cuando podrían estar a la disposición de quien las necesita en una base de datos. Otro tanto puede decirse de los libros fuera de circulación o los artículos especializados, que si uno no tiene acceso a la Biblioteca del Congreso en Washington DC mejor haría en suponer que nunca existieron, tan inencontrables y escurridizos resultan. Y ya ni se diga películas o cuadros…

Si se garantizara el acceso a las fuentes (es una discusión pendiente hasta qué punto podría ser gratuito), se rompería al menos con el apabullante elitismo que existe en el acceso a la cultura, que suele estar restringido a gente con recursos o a académicos, y al menos se daría un paso claro para darle cuerpo y contenido al hoy borroso y más bien olvidado derecho a la cultura. Aunque faltaría esclarecer qué se entiende en cada caso por acceso a las fuentes, la idea general sería que el músico interesado pudiera tener en sus manos la partitura de la obra que le interesa, el estudiante de arquitectura contemplar los planos de un edificio, un lector cualquiera descargar el archivo de texto del libro, etcétera.

Contra la idea de propiedad intelectual

La propuesta del libre acceso a las fuentes se enfrenta, como es obvio, al inmenso escollo de que la naturaleza de las obras culturales es problemática. Por un lado, tienen un perfil de mercancías, están sujetas a las leyes de la oferta y la demanda, y tanto los autores como sobre todo las corporaciones que las comercializan se benefician de su venta. Pero, por otro lado, tienen también un perfil distinto, que las emparientan con los bienes comunes, y pueden ser equiparadas a un regalo o una contribución que el autor hace a la tradición, a la humanidad, o más modestamente, a la lengua o a los amantes de la ópera, o a la historia de los cómics o del cine amateur, etcétera.

Pese a que la mayoría de las legislaciones del mundo reconoce un derecho de propiedad a los autores o titulares de derechos sobre obras del intelecto humano, el concepto de propiedad intelectual es una generalización tan basta y simplista que termina por ser confusa y a veces perniciosa, no sólo porque en aras de un núcleo común más bien exiguo entre legislaciones cercanas pero muy distintas, difumina la disparidad entre los derechos de autor, las patentes y las marcas, cuyas leyes se originaron de forma separada y con intereses diferentes, sino porque equipara la propiedad intelectual con cualquier otra forma de propiedad, por ejemplo, con la propiedad de objetos físicos o extensiones de tierra. ¿Es la creación artística o la producción de conocimiento del tipo de cosas que cabe comparar con la compra de un terreno o de una lámpara?

Antes de que se reconocieran los derechos de autor, las obras artísticas no eran propiedad de nadie sino que más bien eran patrimonio de todos. No tiene mucho caso repetir que La Ilíada y la Odisea no habrían llegado hasta nosotros si, en contra de su condición de bienes comunes, hubieran sido sometidas a restricciones tanto en lo referente a su circulación como a su transformación y perfeccionamiento. Tampoco tiene mucho caso insistir que así procede la creación artística también en nuestros días, y que otro tanto puede decirse de la innovación científica y los inventos tecnológicos: a partir de un patrimonio común, de un entramado social complejo en el que por supuesto existe el mérito individual, pero siempre inscrito en una trama de prácticas y tradiciones que lo hacen posible y lo rebasan.(3)

¿Lo que sugiero es desaparecer el copyright por consideraciones más bien hegelianizantes, en donde cada creación habría de ser considerada una voluta más del gran magma del espíritu? No exactamente, pero sí que el copyright se someta a examen y a una reforma concienzuda, pues, además de anticuado, está pervertido por la avaricia y el abuso, además de que en el mundo real, pese a la ampliación y el endurecimiento de sus restricciones, está perdiendo la batalla: día y noche en la mayoría de las computadoras caseras del mundo, en las papelerías de la esquina, en los café-Internet, se verifican violaciones a una legislación que no ha sabido reorientarse y ser sensible a las libertades y derechos de los lectores y los usuarios.

Las gigantescas y cambiantes retículas virtuales están haciendo saltar por los aires los demasiado anquilosados convenios internacionales en la materia, y parece que mientras más candados y códigos de acceso, más multas y amenazas se implementan, más rápido crecen y mutan y se adaptan los mecanismos para compartir información entre los amigos, una práctica a la que muchos denominan “copia no autorizada” y otros más insisten en tachar, con bastante confusión y mala leche, como “piratería”.

Vista con cierta distancia, esa carrera es por completo desigual: mientras que la legislación del copyright se actualiza y endurece cada cierto tiempo (cada tantos años que se reúnen los organismos internaciones), la retícula de intercambios y libre circulación se desplaza a la velocidad de los megabytes por segundo. Dueños hasta cierto punto de los medios de producción, pero sobre todo dueños de los medios de re-producción como nunca se habría imaginado Marx, los que tenemos la sartén por el mango somos los usuarios. Puesto que las leyes de copyright se enmiendan de espaldas a los lectores y sus derechos, nada más natural que nosotros le demos también la espalda al copyright.

Un nuevo enciclopedismo


Durante la Edad Media surgieron proto-enciclopedias (por ejemplo las de Marciano Capella o san Isidoro) que tenían la intención de rescatar la cultura clásica que corría el riesgo de desaparecer con la invasión de los bárbaros. Con intenciones didácticas, construyeron auténticas “arcas de Noé del saber” que se proponían salvar ¡y lo consiguieron! los restos de cultura de la quemazón bárbara, de los continuos autos de fe de los invasores. Por su parte, durante la Ilustración, la Enciclopedia de D’Alambert y Diderot, de la que son herederos casi todos los proyectos enciclopédicos actuales (incluida la Wikipedia), tenía como cometido difundir el saber, propagarlo, de allí que lo que buscaran fuera en primer lugar el compendio, la síntesis y unificación del saber (en la tradición cartesiana, los artículos tenían como dos de sus valores centrales a la claridad y la concisión).


San Isidoro de Sevilla

La invasión de los bárbaros hoy adopta otras formas no menos destructivas y terribles para la cultura, por lo que se antoja imprescindible un rescate del tipo que emprendieron Capella y san Isidoro: no es sólo que el imperio del mercado tienda a la homogenización y atente contra la diversidad cultural, sino que literalmente hay una serie de bienes culturales que se están perdiendo, o bien porque no se reeditan, porque no hay mercado suficiente, porque los patrimonios son saqueados o están en ruinas, porque los acervos se incendian o porque las guerras a favor de la democracia en el mundo terminan por destruirlos. Con excepción de las novedades y los best-sellers, uno tiene que rascar un rato para encontrar la obra de un autor ni siquiera demasiado marginal u oscuro, y ya no se diga si lo que está buscando es el patrón de los mosaicos en las villas romanas o la trascripción literal de los evangelios apócrifos.

De modo que está, de una parte, la importancia de la conservación frente a la barbarie, por ejemplo frente a la de quienes quieren hacer de las pirámides de Teotihuacan la sede de un espectáculo de luz y sonido. Pero por otra parte, con los medios electrónicos actuales, es posible imaginar un nuevo tipo de enciclopedismo que, a diferencia del de D’Alambert, no esté restringido al saber compendiado, a los artículos que difunden el conocimiento, sino que se expanda al acceso directo a las fuentes, entendiéndolas en sentido amplio, como se dice cuando se le pide a un estudiante que vaya a las fuentes, es decir, que lea a los autores directamente y no sólo a sus comentaristas. La idea más ambiciosa sería que se garantizara el acceso a las fuentes de todo lo que se ha producido gracias a una base común, a una tradición cultural viva: patentes de medicinas, partituras de compositores, planos de monumentos, código de software, yacimientos arqueológicos, secuencias de código genético, y, por supuesto, libros, fotos, vídeos, etcétera.

Dicho en pocas palabras, el objetivo sería: A) rescatar el espíritu de las proto-enciclopedias medievales pero sin que se restrinja a una elite de eruditos y escolásticos, sino a cualquiera que tenga acceso a una computadora con Internet, y B) ampliar los postulados del iluminismo y del sapere aude a fin de que en lugar de andarse por las ramas de la divulgación se pueda ir directamente a la raíz, a las obras, por lo menos a su correlato virtual.

Final ilustrado: la librery(a) de Babel

Quiero concluir con un breve análisis de la babélica iniciativa de Google Libros, que tiene algo de borgesiano e infinito en su raíz (es lo más cercano a la biblioteca universal de la humanidad), con la cual se pretende digitalizar y poner en línea todos los libros disponibles que ha publicado el hombre, ya sea en copia virtual íntegra o en vista parcial, y hasta hace unos meses con independencia de lo que opinaran los titulares de los derechos de autor. La iniciativa, que de algún modo podría estar en consonancia con esta propuesta de acceso a las fuentes, ha dado lugar a toda clase de interpretaciones sobre sus propósitos: que si en el fondo persiguen el lucro puro y duro, que si son los adalides de lo que se ha dado en llamar “la democratización de la cultura”, que si se trata de la infracción a los derechos de autor más descarada y sistemática…

El problema de fondo con la iniciativa de Google, más allá de cómo se resuelvan las demandas de derechos que ha recibido en cascada, es que sería una empresa privada trasnacional la que tendría en su poder todo el acervo libresco de la humanidad, con los peligros que ello conlleva en cuanto a su explotación comercial monopólica o, por qué no, la eventual bancarrota del hoy muy firme emporio. Al comienzo no estaba claro si el proyecto de Google Libros apuntaba hacia una inmensa librería donde se gestionarían libros sobre demanda, o bien hacia una Biblioteca de Babel en el Ciberespacio, de allí que hubiera voces que no sin candidez lo consideraran un gran proyecto altruista. El hecho de que se descubriera que el consorcio de los motores de búsqueda ya tenía listas las imprentas de tirajes cortos para producir ejemplares en cuestión de minutos, y el reciente anuncio, en la Feria de Frankfurt, del lanzamiento de una librería digital en la naciente rama de Google Editions, han despejado el panorama: lo que se está construyendo es la librería (digital y en papel) más grande y variada que se haya conocido jamás. Será apetitosa, sin duda, pero eso no tiene mucho que ver con las expectativas un tanto románticas que había generado, expectativas según las cuales, por ejemplo, la literatura por fin circularía libremente en la red. (El caso es que entre biblioteca y librería hay una diferencia sustancial, no importa si creemos que “library” se traduce como librería.)

Pero una vez que Google ha esclarecido sus propósitos, la idea de esa biblioteca virtual sigue en el aire. La UNESCO, por ejemplo, ya ha lanzado al ciberespacio una Biblioteca Digital Mundial (www.wdl.org/es) con el objetivo de permitir al mayor número posible de personas acceder gratuitamente, mediante Internet, a los fondos de las grandes bibliotecas del mundo en varios idiomas. Proyectos de esta naturaleza, si fueran impulsados y sostenidos a largo plazo, sin duda crearían un contrapeso al ejército de escáneres codiciosos de Google.

Sin embargo, creo que la creación de una biblioteca de esas características colosales podría realizarse si se emprende colectivamente, por todos y para el beneficio de todos (un poco como funciona, desde sus comienzos, el Proyecto Gutenberg: www.gutenberg.org), un esquema en el que todo aquel que esté interesado podría subir a la red, cumpliendo ciertos requisitos en los que haya previo consenso sobre su digitalización, los libros, partituras o revistas que le apasionan y que no están incluidos en la base de datos, de forma que el proyecto se universalizara gracias al compromiso común y, a la vez, su incesante robustecimiento no dependiera de una empresa determinada. Quizá bajo una lógica de participación y mejora en el espíritu del procomún, la biblioteca atraería más y más obras, al alcance de más personas y con la garantía de que no se perdería su accesibilidad.

El acervo podría ser considerable aun si se limitara, por respeto a las legislaciones vigentes en materia de derechos de autor, a obras de dominio público, por un lado, y a obras con algún tipo de licencia copyleft, por el otro; pero ya entrados en materia, no estaría mal que bajo la presión de bibliotecas digitales gestionadas colectivamente, de una vez se sometiera a examen la vigencia del derecho patrimonial (que en México, según decreto de 2003, alcanza los cien años post mortem auctoris, uno de los más dilatados y quizá insensatos del mundo), así como la sospechosa tendencia a incrementar cada tanto ese plazo en beneficio de unos pocos.

El acceso a las fuentes (o lo que quizá se podría llamar “el derecho a encontrar lo que buscas”), para que sea mínimamente viable ha de construirse de la mano de una revisión de las leyes de derechos de autor y de copyright que no desatienda los derechos de los usuarios, procurando que se logre una conciliación armoniosa y no, como sucede en la actualidad, una fricción que termina en los tribunales. Gracias a Internet, el dominio público podría volverse efectivamente cada vez más público.


[1] El Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (diciembre de 1948) reconoce este derecho, que figura justo antes de los derechos autorales:
“1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.
2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.”
[2] Si bien es uno de los derechos fundamentales del hombre según la ONU, el derecho a la cultura fue aprobado en México apenas el 30 de abril de 2009. La enmienda al artículo cuarto de la Constitución comienza así: “Toda persona tiene derecho al acceso a la cultura…”
[3] Lawrence Lessing, el fundador de Creative Commons, ha descrito esta forma de producción cultural como “remix”, en oposición a la cultura del “permiso”, en la cual, por efectos del copyright, se debe pedir permiso antes de hacer la menor modificación o mejora en las obras.

*** Texto publicado en el libro El retorno de los comunes, Fractal/Conaculta, 2011.

Este texto puede ser reproducido total o parcialmente, por cualquier medio o método, siempre y cuando sea con fines no comerciales y se reconozcan los derechos morales del autor.

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30.1.12

 

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8.1.12

 

Sierra lo sabe: Fue La OTAN

Fue La OTAN: Sierra lo sabe
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En la última exposición de Santiago Sierra en Madrid se reproducía constantemente un mensaje: CMX 04.Un código que nombra unos ejercicios antiterroristas de la OTAN que desde algunas tribunas se ha denunciado como pantalla para ejecutar el 11-M.
Resulta curioso que la prensa generalista no informara de la exposición, cuando habitualmente cualquier proyecto de Sierra suele ser objeto de artículos y noticias. Poco a poco, primero desde la crítica de arte on-line y después en algunos suplementos culturales empezaron a aparecer reflexiones sobre la exposición.
Sin embargo la mayoría de ellos obviaban hablar del contenido, de lo que significa CMX 04, deteniendose en las cualidades puramente formales y abiertamente admitiendo que lo que allí se sugería era lo de menos:
lo realmente valioso y extraordinario de la obra es, precisamente, esta brutal ruptura entre significado y significante (...) Esa es la auténtica y muy valiosa información que nos desvela CMX-04, et tout le reste c'est de la littérature..., literatura, o ficción, a la que podemos perfectamente responder con una famosa copla de Rafael de León: "No me lo cuentes, vecina, que no me quiero enterar". Luis Francisco Pérez. SalonKritik

Sigue leyendo aquí Fue La OTAN: Sierra lo sabe

7.1.12

 

MODULOK El enano en el kollektiv

MODULOK, El enano en el kollektiv por esta portada. Por la puerta grande entran los enanos!


Puedes descargarte y escuchar GRATIS: EL ENANO.
EL nuevo E.P: de MODULOK. Pulsa aquí: http://moduloktrio.bandcamp.com/album/el-enano

Fiesta del increíble sello de folk y psicodelia PAUKEN REC en Gijón el 13 de Enero con PABLO UND DESTRUKTION, FEE REEGA y ALBERETO
Aquí el evento de Facebook: http://www.facebook.com/events/332922396720325/

27.12.11

 

Ferdydurke en el kollektiv

Ferdydurke mutando en Filiflor, un pintura de M. O.

23.12.11

 

Navidad en Crisis

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22.12.11

 

Robert Walser en el kollective

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ACTA franquicia de SOPA

ACTA is one more offensive against the sharing of culture on the Internet. ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement) is an agreement secretly negotiated by a small "club" of like-minded countries (39 countries, including the 27 of the European Union, the United States, Japan, etc). Negotiated instead of being democratically debated, ACTA bypasses parliaments and international organizations to dictate a repressive logic dictated by the entertainment industries.
ACTA would impose new criminal sanctions forcing Internet actors to monitor and censor online communications. It is thus a major threat to freedom of expression online and creates legal uncertainty for Internet companies. In the name of trademarks and patents, it would also hamper access to generic medicines in poor countries.
The European Parliament now has an ultimate opportunity to reject ACTA.

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23.5.11

 

Genuflexion, de Luis Sanchez

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27.4.11

 

Polvo

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¿Qué tiene que ver el polvo con nosotros? Tal vez demasiado, tal vez todo.
Desesperados limpiamos el polvo para no respirarlo, para no contemplar su acumulación, un signo de abandono y decadencia. Pero el polvo es la materia que nos mezcla con el mundo, es en sí la propia mezcla. Leo en la magnífica descripción del polvo de Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Polvo ) que aproximadamente el 70 por ciento de la composición del polvo doméstico son células muertas de piel humana. Tal vez sea por eso que vulgarmente se use la expresión “echar un polvo”, a la atmósfera imagino por la fricción intensa de los cuerpos.
Siempre me ha parecido fascinante el momento en que un rayo de sol atraviesa la habitación y podemos ver la densidad de partículas de polvo del aire. Dicen que Keith Richards se esnifó las cenizas de su padre pero nosotros nos esnifamos los unos a los otros inconscientemente todo el tiempo. Partículas que viajan, que transportan sensaciones, que contagian.

*

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El polvo que contiene lo esencial de la vida: semillas y sustrato terrestre, barrido por el viento en los campos de America en los años 30 y provocando la escasez nacional. Lo que se llamó el Dust Bowl. Todo el sustrato fértil de los campos americanos fue a parar al océano Atlántico. Terroríficas tormentas de polvo fértil recorrieron el país por carecer de vegetación que frenara el viento en los gigantescos campos de cultivo del Medio Oeste.
*
Los Dustbowl blues que cantaba Woody Guthrie:

http://www.youtube.com/watch?v=dkAxuqrVNBM&feature=related


*

Al polvo vamos y del polvo venimos. Las cenizas a las cenizas y el polvo al polvo. Nuestro cuerpo atomizado es devuelto a la materia polvorienta que se hace roca y se erosiona. Siempre en el medio, entre la superficie y el aire, parte indistinguible de los dos.

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Enviado el 25 de Abril. << Volver a la página principal << | delicious

14.4.11

 

Vampiro y Licántropo, Piro y tropo, lo que sé y lo que deseo

Jean y Émile. Los Cárpatos y más allá. Transylvania Calling como un aullido: Si era la única gota que quedaba, Jean Baudrillard pregunta, ¿cómo puede una máquina semejante seguir funcionando en medio de la desilusión crítica y del frenesí comercial? En medio de un almuerzo desnudo en Răşinari (Städterdorf en alemán, Resinár en húngaro) en el condado transilvano de Sibiu, la actual Rumanía, Émile Cioran contesta: Lo que sé, arruina, lo que deseo. Y como le suena redondo inmediatamente después con su máquina-de-escribir-insecto-de-libar lo publica en fb.

M. O.

7.4.11

 

ZAMIZAKIS, de Luis Sánchez

Frame de Zamizakis de Luis Sánchez

Audiovisual del mini-relato Zamizakis escrito por Luis Sánchez. El cuento habla de  canibalismo, de la constante depredadora de la especie sobre sí misma. Texto cedido para la realización de una pieza que presentáramos dentro del contexto de un concurso público. Invitado a realizar un vídeo de este cuento me puse la premisa de sólo hacerlo a modo de intermediario, interviniendo lo menos posible. Esto fue, construir la secuencia lineal del texto sin alteraciones a modo de subtítulos sobre fondo blanco. Trabajo de transcripción a una linea de tiempo salvo por ciertos cambios en el ritmo natural de lectura y ciertos “encabalgamientos”, única intervención notable sobre las frases originales. La idea es leer–hacer el texto. Hacerlo sonar al modo de las palabras de Jonh Perry Barlow.

“Incluso cuando ha sido encapsulada en alguna forma estática como un libro o un disco duro, la información sigue siendo algo que nos ocurre cuando la descomprimimos mentalmente de su código de almacenamiento. Pero, ya se mueva a gigabits por segundo o a palabras por minuto, la descodificación es un proceso que debe ser ejecutado por y sobre una mente, un proceso que se despliega en el tiempo”.

La pausada secuencia del texto está acompañada de una ambientación sonora. Ésta está compuesta por inicios de canción extraídos de música progresiva de la cultura Psy–trance. Estos preludios apoyan el texto en su juego sorpresivo, y su intención psicodélica y simbólica.

M. O.

Ver la animación del texto aquí

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21.1.11

 

Simbyosi Labs. Ilustración - Entrevista a Manuel Olías

A través del proyecto Simbyosis se ha puesto en marcha un grupo de trabajo creativo formado por dibujantes e ilustradores afincados entre Italia y España. Desde diferentes aspectos o enfoques, desde el arte urbano a la ilustración, del grafiti al collage electrónico, entre la baja y la alta cultura, se ha conformado este equipo. Cristobal Fortunez, Celia Castera, China di cheme, Chylo, Ciril Vidal, Laurina Paperina, Luciano Civettini, Manuel Olías, Sara Mutande, Zuzia, Aina Mol, son los nombres de los dibujantes y dibujantas. Entre Luis Tamayo y Sonia Giordani han montado un reportaje, es lo que os invito a leer. Cada uno de los artistas respondió unas preguntas que han servido para montar la investigación. Dejo aquí las respuestas que dí.

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1 [Simbyosi] ¿Cuál dirías tú que es la tendencia, lo más novedoso?

[Manuel Olías] La misma palabra de este sitio: La tendencia creativa integradora, sinérgica colaborativa de eje social. Y la tendencia a buscar los márgenes de la norma, el perímetro de la manada, la tendencia outsider anti–elitista y elevada.

Creo que algo que sucede ahora es el movimiento arti en masa. Desde muchas vertientes, gente que interacciona de forma creativa, artística, y con una posición crítica, o sea, a conciencia. Tirar la piedra, enseñar la flor, hacerlo a propósito, y enseñar la mano, entender su alcance.


2 ¿Cómo es tu proceso creativo, en que corriente o estilos te incluirías tú?

Proceso creativo alterno. Entrópico, otras más ordenado. A veces metodología esquizocrítica, mutación pop del método paranoico-crítico. Intento, en el sentido amazónico. Reduccionismo, economía de medios. Fluctuaciones entre significado y absurdo. Arte espontáneo formalista.
Corriente alterna. Urbana con influencias utopistas mezclado con un individualismo de mono enésimo de masa crítica. Filosofía pop cosmovisionaria.

Los estilos expresan. Rebusco poco en la idea de estilo, existe pero me interesa menos. De hecho he buscado con frecuencia disolver esa forma de personalidad. La cosa está en las hechuras de la pieza, que la cosa funcione. Si hay algo de sustrato personal o de soterrado movimiento generacional, esto aparece aunque lo evites, es más, creo que aparecerá de forma más clara cuanta más distancia tomes. En todo caso la unidad de estilo lejos de desaparecer es ahora algo más amplio, como tu tono, tu frecuencia, tu ámbito de intereses y puntos de atención, el arco de múltiples entre los que te mueves.



3¿Cómo defenderías el uso de la ilustración a la hora de comunicar versus el diseño grafico convencional, la pintura o la fotografía?

Es simple y mola, quiero decir gusta a la gente. Es sintético, quiere decir inteligente, y directo, sencillo, poco pretencioso. Puede permitirse ser incluso estúpido, feo o inacabado, y aun así queda bien. Supongo que esto gustará más en un público objetivo que en otro, todo eso.



4 Imagínate que hay una marca u organización que quiere expresar o comunicar algo y tienes que convencerla para que lo haga mediante la ilustración ¿que la dirías para convencerla?

El dibujo es muy preciso y directo. También advertiría que fuera de los ámbitos de su expresión libre se vuelve dócil, por lo que puede resultar inoperante. El dibujo es la unidad mínima de sentido artístico. Diría,–Un dibujo es como una frase. – O como una palabra, o una marca de negocio.
Si deciden hacerlo, encuentren un dibujante que les guste, déjenle hacer lo que quiera, o compren si pueden los derechos de una imagen ya hecha nacida libre, y pónganle los logotipos con cuidado. Si un dibujante tiene que pasar por el criterio de adecuación, la fuerza de libertad y novedad quedarán desdibujadas.




5 ¿Has participado o colaborado con otros artistas o en trabajos colectivos? ¿Qué piensas de la co-creación, conoces iniciativas en este sentido dentro de la ilustración o el diseño?

El MNKLRED Cultural Kollective fue un foro y plataforma de exhibición on-line que montamos un grupo de artistas para colaborar, y como lugar de exhibición de nuestros proyectos personales. Hicimos expos juntos y varios proyectos, vídeo, net-art, stop motion… además de generar el apoyo de una comunidad en torno nuestro.
En la actualidad la gente que empezamos en ese proyecto hemos seguido nuestros propios intereses, pero todos pertenecemos a la escena cultural de alguna manera. Aquella iniciativa nos sirvió en muchos aspectos.

La Co–creación me parece una idea muy valiosa. A muchos niveles. Aporta mucho a la creatividad personal. Supongo que da una parte que el encierro, incluso el auto–impuesto reflexivo y concentrado ritmo lento del trabajo unipersonal, no nos proporciona. El conocimiento más preciso de nuestro entorno, la conexión con las neuronas exógenas, aporta placer, frescura, conciencia y punto de anclaje.
Participé en una exposición llamada Bilocation que exploraba estas ideas. Esta muestra juntó en L.E.S. Gallery y el Lower East Side Studio de Vancuver en Canadá artistas locales con artistas de la escena internacional vinculados según el criterio de los comisarios por alguna cualidad de sus trabajos. Se proponía evidenciar pruebas de bilocación, un termino nuevo inspirado por el vocablo alemán doppelgänger. Estilos, procedimientos y tonos coincidentes en artistas que viven a mucha distancia y sin ningúna relación. Se sacaron conclusiones y se mostraron las piezas de la sincronización. Mi respuesta fue una serie que llamé Canal de influencias, unos dibujos de gran formato que realicé con un lápiz multicolor, de estilo aniñado donde expresaba cómo el mundo físico se ve atravesado por el mundo de las ideas.


6 Háblanos de tú última exposición/trabajo/instalación…

Dibujos Darger, en Columpio galería de dibujo contemporáneo. Dibujos Darger es una de las series anexas a Uñas de Mandarín sobre fuego espiritual. Está formada por una colección de dibujos figurativos. Líneas de colores y rotulador negro sobre papel tamaño cuartilla. Figura humana desnuda, fácil, y al mismo tiempo extrañada, invadida por lo excéntrico. Los cuerpos están construidos con líneas dónde el color es temperatura emocional y sencillo juego. Aparecen dos figuras abrazadas, o bailando, o en conversación.
A estas parejas se les adhiere una forma repetitiva e insistente, un apéndice. Unas uñas negras y largas. Uñas–garra que pertenecen a otra frecuencia, a otra parte. Realizados hace un año estos dibujos son pequeñas series dentro de series. Un grupo de trabajos en un espacio íntimo, y mínimo. Realizados de una manera sencilla. Un punto de encuentro entre lo que puede ser entendido y lo que permanece oculto, la parte rara.


7 ¿Qué papel tiene la ilustración dentro de la escena contemporánea?

Tiene mucho papel. En realidad no hay fronteras. Las ilustraciones están por definición en función de otra cosa. Pero sus recursos y maneras de representar pueden ser útiles a la transmisión de una idea libre. Además de no tener el peso de la alta cultura. Y no sólo la ilustración si no el mismo diseño gráfico. En Wan Fô Standard una de las cosas que me interesaba es que su visualización a diferentes escalas fuera óptima, incluso en una miniatura para web. Copié la estrategia del logotipo, su masa de color, básicamente a dos tintas, su perímetro y proporción clara.

Y los Dibujos Darger. Puede decirse que son ilustraciones. Formalmente están dentro de lo que comprendemos como ilustración. Como lo eran para el escritor Henry Darger los dibujos de sus Bibian Girls, apoyaban la narración y en ocasiones parece que le servían como mapas para comprender y desarrollar. Casi que hizo capítulos escritos y otros dibujados. Puede que sea una de las obras de ilustración más impresionantes que conozco, y la veo como obra de arte. Aparte de ser una obra outsider celebrada, es una pieza de principios del xx de copy/paste y de hacking, impresionante. Todos sus dibujos son calcos de ilustraciones de publicidad de sus años. Y sus dibujos–mural están a la altura de la etapa creativa en la que vivió y a la que permaneció ajeno.


8 ¿Por qué has elegido la técnica del dibujo para representar tu arte? ¿Qué ideas, emociones de la sociedad contemporánea expresas a través de tu obra?

Ha sido el medio donde me he movido con preferencia estos últimos años. Con la serie de Dibujos a Ciegas de 2006 hice una vuelta al dibujo. Quería hacer algo con un procedimiento que considero muy cercano, algo que siempre he hecho. Algo de infraestructura ligera. Además, dibujar y pintar es una forma de realizar la práctica creativa de manera directa y común. Y, puestos a seguir llenando el mundo con las diez mil imágenes, mejor hacerlo de manera sencilla.

La sociedad contemporánea – el espíritu de nuestro tiempo: Represento al contemporáneo, ¿De cuántos seré representativo? o ¿de cuántos seré resumen?, son preguntas que no me hago. Pero si algo define a nuestra sociedad es su relación bipolar con la realidad: El actual programa de dudas que se puede hackear con creatividad border–line: Fuga de la caja de la normalidad y dibujo de su perímetro. Esta situación polarizada, múltiple está también presente en mis Dibujos Darger.


9 Para ti, el momento en que el Arte es utilizado en campo publicitario, arquitectónico, televisivo o en la moda… ¿pierde algo de su esencia?

El arte pierde su esencia todo el tiempo. Ni las cajas de la alta cultura son apropiadas. Imagina un bosque a media tarde donde te encuentras apartado en la linde de perderte. Te paras y te recreas con el entorno y suena de entre los árboles las notas expresionistas de un piano. La atención que pondrías en aquel encuentro sería emocionante de forma más clara que escuchar a Debussy en el Real. La parte más interesante se provoca en la cabeza del espectador, las cosas que le hagas ver, las que vea sin darse cuenta, y las que imagine desde ellas.

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2.1.11

 

El FMI y los deseos




4.12.10

 
EL COLECTIVO MANKLARED
DESAPARECIÓ HACE TIEMPO. Nació de un enfrentamiento a la idea de confrontación. Esto nos llevó rápido a disolvernos. Una vez removidos los posos se dividen en estratos. Los co-creadores de este grupo desarrollamos nuestra actividad en Madrid. Buscábamos crear contexto en esta ciudad como muchos otros en este momento de florecimiento colectivo, y dar visibilidad a nuestras actividades en internet. La página donde se alojaban los portfolios (manklared.com) ya no se actualiza pero hemos vuelto a subir sus archivos en un dominio .tk, por nuestros tiempos heroicos.

En pompa, en conmemoración hemos creado este cuadrado virtual negro, la imagen de un cuadrado de cinco píxeles. Estimamos es el cuadrado virtual negro más grande, debido a su desproporcionado sin sentido y discurso desalentador y negativo. Una imagen de un cuadrado virtual negro estirado mucho. Haz clic sobre él para ver su tamaño real, o si lo prefieres adéntrate en el área oscura a los pies de estas lineas. Larga vida al arte.

Una imagen de un cuadrado virtual negro estirado mucho. Haz clic aquí para ver su tamaño real

30.9.09

 

Carlos LLavata Piano Bomba

A partir del minuto 1:56 tercera parte de la performance de Carlos Llavata. Piano bomba no es el título de la acción pero nos parecia ilustrativo. Es para verlo, aunque sea en diferido. Nosotros tuvimos la suerte de estar en el patio del Conde Duque. Y ver como Carlos se jugaba la piel de verdad. La fórmula uno o las corridas españolas tienen ya su paralelismo en el territorio de la acción artística al tiempo que su crítica. Tenemos la suerte de conocer al insigne valiente y de haberle socorrido en su eventual jugada de pellejo. De qué estamos hablando. De amor en tiempos de cólera, de enunciar dónde estamos pese a todo. Algo así nos decia, -He visto al monstruo, lo he tenido en frente, muy cerca, y me ha perdonado la vida gritando "ya está bien, ya no más por este camino"-.

Y ya imaginamos que nos mueve la impresión pero la idea que se coló en nuestra cabeza es aun más impresionante. El lugar donde nos encontramos. La práctica artística en el umbral del riesgo. También de esto hablamos con Llavata, pero días después, ya repuesto de las heridas físicas, en el Ven y Vino, el nido de performistas de la cava baja madrileña. De el lugar en que nos coloca la apuesta sobre nuestras vidas. Emocionante ver la misma interpretación del hecho. Muchas gracias Carlos.

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